dilluns, 20 d’octubre del 2014

Y derrumbarán el castillo verde.



Y derrumbarán el castillo verde.

Nunca debí dejarlo entrar, el principe rojo no era más que el color, rojo, sangre, caos, se adueñó de mis tierras, del palacio, de mi gente, de mi.

Prometió el cielo, y nunca vi en sus ojos otra cosa, pero porque sabía camuflarse bien, no se, quizás sea porque me perdía en su mirada y me hacía sentir vulnerable.

Me lo dio todo, tenía incluso mi corona, y nuestro castillo propio, pero al final me quitó hasta lo más profundo de mi ser, rompió mis murallas, quemó mis reinos e invadió mi intimidad, dejándola al alcance de cualquiera.

Lo peor de todo es que ni siquiera participé en esa guerra. Me dí cuenta tarde, y el castillo verde se convirtió en escombros y cenizas.

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